Silent Hill volvió a cambiar de manos y de perspectiva. Silent Hill: Townfall, desarrollado por Screen Burn Interactive —el estudio antes conocido como No Code— y publicado por Konami junto a Annapurna Interactive, salió el 24 de septiembre de 2026 para PS5 y PC. Es la primera gran entrega de la saga en primera persona y la crítica la recibió bien: 81 tanto en Metacritic como en OpenCritic, con una atmósfera de las mejores de la serie y un sigilo que divide aguas.

St. Amelia, 1996

Simon Ordell despierta en el muelle de St. Amelia, un pueblo costero escocés ficticio, con una cánula en la mano y la memoria hecha pedazos. De a poco entiende que está atrapado en una especie de purgatorio junto a Zoe Ellis, una enfermera, y Richard Shaw, una figura misteriosa, y que los tres cargan con la culpa de un desastre en una plataforma petrolera que mató a 95 trabajadores. La historia se mete con temas poco habituales en la saga —la explotación laboral, la colonización corporativa, una comunidad rota— y lo hace con seriedad.

Silent Hill: Townfall review

El pueblo como protagonista

St. Amelia es, probablemente, el mejor escenario de Silent Hill en muchos años. Los pabellones de hospital del sistema de salud británico, las galerías comerciales y la arquitectura brutalista de los años 70 están recreados con un detalle obsesivo, y la niebla lo cubre todo con esa sensación de pueblo que se está muriendo. El sonido acompaña a la perfección y convierte cada calle vacía en una amenaza. La atmósfera es lo que sostiene la tensión, y en eso Townfall está a la altura del nombre que lleva.

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Un televisor portátil contra la oscuridad

La herramienta central es el CRTV, un televisor portátil viejo que emite estática y permite detectar enemigos a través de las paredes, mostrándolos como siluetas en la pantalla, además de dar pistas para los puzles. Es una gran idea: te obliga a mirar una pantallita mientras todo a tu alrededor está a oscuras. Simon puede defenderse con armas cuerpo a cuerpo como tablas y caños, usar pistola, escopeta o pistola de bengalas, y distraer enemigos tirando botellas o ladrillos, pero el juego empuja sobre todo al sigilo y a la evasión.

Y ahí está la gran discusión. Para varios análisis el sigilo es quisquilloso, el CRTV no siempre es confiable para rastrear enemigos y algunos encuentros terminan siendo más frustrantes que aterradores. Es el punto que más le reprochó la crítica, incluso en las reseñas más entusiastas.

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Un ritmo que no da respiro

Townfall dura alrededor de 15 horas y tiene cinco finales posibles, con Nueva Partida+ para buscarlos. El problema es que, pasado el primer acto, casi no baja la intensidad: la tensión constante termina cansando más que asustando, y la recta final suma vuelta atrás, encuentros repetidos y algunos puzles demasiado rebuscados. El último capítulo es, para muchos, el escenario menos inspirado del juego.

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Veredicto

Silent Hill: Townfall tiene una de las mejores atmósferas que dio la saga en años: St. Amelia es inolvidable, la historia tiene algo para decir y el CRTV es una idea brillante. Lo frenan un sigilo poco pulido, un ritmo que agota en la segunda mitad y un cierre más flojo que el resto. Aun con esos tropiezos, es un regreso muy digno y una compra obligatoria para los fans del survival horror psicológico.