La GeForce RTX 5090 fue presentada por Nvidia en el CES de enero de 2025 con un precio sugerido de US$1.999, una cifra alta pero dentro de lo esperable para la GPU de consumo más potente del mercado. Sin embargo, para mediados de septiembre de 2026, esa misma tarjeta desapareció casi por completo del inventario de Newegg y Amazon, y los pocos ejemplares disponibles son de revendedores que piden entre US$6.389 y US$9.500. La situación empeoró progresivamente durante el año: el precio cruzó los US$3.000 en enero de 2026, luego los US$4.000, después los US$5.000, y finalmente llegó al récord actual. En algunos casos extremos, listados en marketplaces de EE.UU. llegaron a rozar los US$10.000 por un solo GPU. Quién quiera hoy la RTX 5090 paga más de tres veces el precio de lanzamiento original.

La explicación detrás de esta escalada tiene un único responsable: las empresas de inteligencia artificial. Reportes del medio especializado HKEPC revelaron con imágenes que firmas dedicadas a montar servidores de IA estaban comprando RTX 5090 al por mayor, con pallets enteros de cajas apiladas en fábricas chinas listos para ser desmontados e instalados en sistemas multi-GPU. Las chips de IA dedicadas de Nvidia, como la serie Blackwell B100/B200, están sujetas a restricciones de exportación que las hacen imposibles de conseguir en grandes volúmenes en ciertos mercados. Las RTX 5090, en cambio, son GPUs de consumo que se venden libremente y, aunque cuestan miles de dólares, resultan significativamente más baratas por teraflop que los aceleradores profesionales. El resultado es una demanda artificial masiva que vacía los estantes antes de que cualquier gamer pueda comprar.

El fenómeno no se limita solo al modelo flagship: toda la línea GeForce RTX 50-series sufrió aumentos de precio considerables durante 2026. La RTX 5070 vio un incremento promedio del 36% respecto a su MSRP en los listados de Newegg, mientras que la RTX 5060 subió un 27% según datos publicados por Tom's Hardware. En términos globales, el precio promedio de toda la familia Blackwell está alrededor de un 60% por encima del precio original de venta al público, y algunos modelos llegaron casi al doble de su valor inicial. Incluso hubo casos en los que pedidos ya confirmados por clientes fueron cancelados unilateralmente después de que Nvidia trasladó subas de costos retroactivas a sus socios fabricantes como Asus y MSI. La cadena de distribución entera se encuentra bajo una presión inédita.

Más allá de la demanda de IA, hay otro factor que complica el panorama: la escasez de memoria GDDR7. La RTX 5090 usa 32 GB de GDDR7 en una interfaz de 512 bits, y la producción de este tipo de VRAM de alta velocidad es limitada frente a la demanda combinada del segmento gamer y el sector IA. Nvidia trasladó costos adicionales de hasta US$300 por unidad a sus board partners en sucesivas oleadas, lo que se sumó a los ya inflados precios de reventa. Analistas del sector anticipan que la situación no mejorará hasta finales de 2026 o principios de 2027, cuando la producción de GDDR7 pueda escalar lo suficiente. Por si fuera poco, los leakers apuntan a que la próxima generación RTX 60 no llegará antes de 2028, lo que significa que no hay alivio en el horizonte cercano.

Para el gamer promedio que buscaba armar o actualizar una PC de alta gama, la situación es sencillamente frustrante y, por ahora, sin solución a la vista. La RTX 5090 quedó fuera del alcance de prácticamente cualquiera que no tenga un presupuesto prácticamente ilimitado, y los modelos inferiores también subieron sin justificación técnica real. Lo más sensato en este contexto es apuntar a una GPU de generación anterior como la RTX 4080 Super o la RX 9070 XT de AMD, que siguen ofreciendo excelente rendimiento en 4K a precios más razonables. También existe la opción de esperar, aunque con la RTX 60 a años de distancia y la presión de la IA sin ceder, esa espera podría ser larga. Por ahora, el mercado de GPUs de gama alta es territorio de empresas de IA, no de gamers.